viernes, 1 de enero de 2010

William Shakespeare: El mercader de Venecia

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Hay un villano en esta obra: el judío Shylock, contrapuesto al caballero cristiano Antonio. El primero es vilipendiado por su religión y por su oficio de prestamista, el otro es querido y respetado por su clase y generosidad. Son dos mundos diferentes, y se odian justamente por ser diferentes. Cuando la fatalidad irrumpe, Shylock se transformará en una bestia menos que humana al exigir con fiereza su fianza de una libra de la carne de Antonio, pero lo que le azuza es el rencor haber sido burlado y maltrado sin causa, cuando no podía defenderse.
La intolerancia, primero la de Antonio y después la de Shylock, es el verdadero motor trágico de esta pieza. Y la intolerancia, en uno de estos agridulces finales tan típicos de Shakespeare que tan desapercibidos pasarían a sus coetáneos, acaba por vencer.

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