domingo, 25 de octubre de 2015

Articulo: La Mistificación de Auschwitz IV (IX)

Articulo N° IV

Más de testimoniales

‘Tehran Times’, 3 de febrero de 2001.
Dr. Younes Geranmayeh
El hecho que la evidencia para el “mayor crímen de la historia” solamente recaiga en declaraciones de testigos, es muy embarazoso para los historiadores proholocaustistas, ya que en numerosas ocasiones ha sido demostrado la falta de congruencia de los testigos, particularmente de los judíos. En los Estados Unidos, Frank Walus, un obrero retirado de origen polaco, le fue promovido un juicio por parte de Simón Wiesenthal y su camarilla, acusándolo de atrocidades inimaginables en un campo de concentración alemán. No menos de 11 falsos testigos judíos declararon bajo juramento que habían visto personalmente a Walus torturando y asesinando a prisioneros judíos. Walus gastó casi todos sus ahorros y se endeudó para sostener su defensa. Finalmente obtuvo documentación desde Alemania que demostraba que durante toda la guerra él se había dedicado a labores de agricultura en una granja en Bavaria. La acusación se vino abajo y Walus fue absuelto (1).
Durante la guerra y en el periodo de postguerra inmediato, existieron toda clase de reportes truculentos de testigos que hablaban sobre judíos siendo exterminados por medio de electrocución, vapor y fuego. En 1945, el judío húngaro Stefan Szende afirmó que en el campo de Belzec millones de judíos habían sido asesinados en gigantescas celdas subterráneas: “El piso era metálico y sumergible. Los pisos de esos calabozos, con miles de judíos sobre ellos, se sumergían en agua que estaba contenida por un gran embalse, pero sólo hasta un nivel que sobrepasaba las caderas, entonces se enviaba una corriente eléctrica a través del agua. Después de unos momentos, todos los judíos, miles, de una sola vez morían.” (2)
Durante el proceso de Nuremberg, las autoridades polacas rindieron un reporte sobre Treblinka, según el cual, cientos de miles de personas habían sido asesinadas con vapor en ese campo (3). Ya en el año 1958, el nada confiable Elie Wiesel escribió que los alemanes acostubraban quemar en vida a los judíos en Auschwitz. “No muy lejos de aquí, emergían llamas resplandecientes de una fosa, llamas gigantescas, en las cuales ellos solían realizar incineraciones, un camión se acercaba hasta el borde y arrojaba su carga en la fosa, la cual estaba constituida ¡por niños pequeños y bebés!, ¡si, yo lo he visto con mis propios ojos!” Ningún historiador jamás ha reafirmado que los alemanes hayan quemado a los judíos en vida. Según el relato ofcial del “Holocausto”, fueron gaseados, pero aunque Wiesel pasó 8 meses en Auschwitz, nunca mencionó las cámaras de gas en su libro ‘La Nuit / La Noche’ (5).
En el periodo de la postguerra, existieron numerosas declaraciones de testigos sobre gaseos homicidas en el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich. Así, el médico checo Franz Blaha, declarando bajo juramento en el proceso de Nuremberg, declaró he él personalmente examinó los cadáveres de las personas gaseadas en ese campo (6). Pero los historiadores en la actualidad llegaron a la concusión que no existieron cámaras de gas en Dachau. ¿Por qué los reportes de los testigos correspondientes a supuestos gaseos en Auschwitz tendrían mayor credibilidad que los reportes dados sobre Dachau?

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