lunes, 26 de octubre de 2015

Articulo: La Mistificación de Auschwitz V (IX)

Articulo N° V

Testimonios V/S evidencias materiales

‘Tehran Times’, 7 de febrero de 2001
Dr. Younes Geranmayeh
Un revisionista suizo, Juergen Graf, ha recolectado y analizado 30 testimonios sobre los supuestos gaseos homicidas en Auschwitz (1). Las declaraciones en estos testimonios caían en contradicciones técnicas y lógicas, y que ponían en entredicho su valor como evidencia. He aquí algunos ejemplos:
En los crematorios modernos, la incineración de un cadáver toma alrededor de una hora en promedio, pero según los testigos, este mismo procedimiento sólo requería una fracción de ese tiempo en Auschwitz. El judío checo Dov Paisikovic afirmó que tomaba sólo 4 (cuatro) minutos reducir un cadáver a cenizas. El judío húngaro Miklos Nyiszli reportó que 46 hornos en Birkenau podían incinerar 20 mil cadáveres por día.
Rudolf Hoess fue más modesto en sus “estimaciones”, después que los británicos lo extraditaron a Polonia donde posteriormente fue ahorcado, declaró que en Auschwitz 3 cadáveres podían ser incinerados en un solo quemador en sólo 20 minutos, pero incluso esta cifra es nueve veces inexacta. Algunos exprisioneros de Auschwitz, como el judío polaco Henry Tauber, afirmaron que los cadáveres podían ser incinerados sin el uso de algún comburente: es generalmente bien conocido que el cuerpo humano está constituido por al menos 60% de agua y que no se quemará sin la ayuda de algún comburente. Aún así, los historiadores del “Holocausto” como J. C. Pressac, quien considera a Tauber como un testigo presencial particularmente confiable, no toma en serio esta condición física del asunto.
Otros testigos oculares sostuvieron que los prisioneros judíos que supuestamente tenían que desalojar las cámaras después de su uso, realizaban esta labor sin máscaras antigases en un ambiente saturado de gas cianuro de hidrógeno. Un famoso “superviviente del Holocausto” fue el judío eslovaco Filip Mueller, cuyo repulsivo best-seller titulado “Sonderbehandlung”, es citado por Raul Hilberg no menos de veinte veces en su libro de referencia sobre el “Holocausto” ¡y en donde se describe a sí mismo comiendo una tarta dentro de la cámaraa en un ambiente saturado de gas cianuro de hidrógeno! (2)
Por supuesto, es imposible que los testigos coincidieran en la misma versión absurda sin haberse puesto previamente de acuerdo. El 2 de febrero de 1945, una semana después de la liberación de Auschwitz, el diario soviético “Pravda” había reportado una “cinta trasportadora” por medio de la cual “cientos de personas fueron asesinadas simultáneamente con una corriente eléctrica”. El corresponsal del Pravda, el judío Boris Polevoi, también mencionó las cámaras de gas, pero situadas incorrectamente, no en Birkenau, al oeste del campo principal, sino al este de Auschwitz. Posteriormente los comunistas polacos se ocuparon del asunto para que no volviese a repetirse esta clase de errores comprometedores. Tuvieron a su disposición muchos exprisioneros de Auschwitz antes de que declarasen ante una comisión, y se aseguraron que tales testigos coincidieran sobre el arma homicida y su localización. Las flagrantes imposibilidades que aún caracterizaron las declaraciones más o menos unánimes de los testigos sólo se explican por el hecho que acordaron qué decir antes de testificar o que fueron instruidos de antemano en lo que debían decir. Así, un testigo tras otro declaró que 4 millones de personas fueron asesinadas en Auschwitz.

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