viernes, 23 de octubre de 2015

Articulo: La Mistificación de Auschwitz III (IX)

Articulo N° III

Testimonios v/s Documentos

‘Tehran Times’, 1 de febrero de 2001
Dr. Younes Geranmayeh
En 1996, el historiador francés antirevisionista, Jacques Baynac, escribió dos amplios artículos en los cuales cándidamente admite que el relato oficial de las cámaras de gas se sostiene sólo en las declaraciones de testigos (1). De hecho, no existe evidencia documental de los gaseos, ni siquiera de un sólo ser humano, en los campos alemanes. En 1990 los rusos hicieron públicos los registros necrológicos de Auschwitz, en los cuales la administración nazi había registrado 66 mil muertes en el periodo entre mediados del año 1941 hasta finales de 1943. Cada página contiene el nombre, fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad, religión así como la fecha y causa de la muerte del prisionero. Estos registros escritos representan una gran dificultad para los historiadores exterminacionalistas, ya que tienen que explicar la razón por la cual los alemanes, quienes supuestamente habían gaseado a millones de judíos en Auschwitz sin registrarlos, se tomaron tantas molestias en documentar cada caso de muerte natural.
El argumento “los alemanes destruyeron toda evidencia incriminatoria” es falso ya que después de la liberación de Auschwitz, los rusos encontraron aproximadamente 60 mil páginas de documentos en el Zentralbauleitung (edificio central administrativo). Este organismo fue el responsable de la construcción de los crematorios donde se pretende que estuvieron las cámaras de gas. En realidad, estas “cámaras de gas” sólo fueron morgues ordinarias en donde los cuerpos de los prisioneros que fallecían eran depositados para su posterior cremación. Al no haber descubierto los soviéticos ni un sólo documento que probara los gaseos homicidas tuvieron que fabricar “evidencia” y así probar las atrocidades del régimen del Nacional Socialismo. Pero todo el conjunto de documentos desaparecieron en los archivos rusos en donde permanecieron inaccesibles a los historiadores occidentales hasta hace más de una década.
No sólo los documentos alemanes del tiempo de la guerra no confirman la versión oficial del Holocausto, sino que directamente lo refutan. Por ejemplo, los registros que permanecen en el museo de Auschwitz muestran que 15,707 personas, en su mayoría judíos, recibieron atención médica en Monowitz, que era uno de los subcampos que integraban Auschwitz, entre julio de 1942 y junio de 1943. 766 de estas personas murieron, los restantes fueron liberados (2). ¿Cómo cuadra esto con una política de exterminio?
El relato “los judíos no aptos para trabajar eran asesinados” también es refutado por la documentación referida. Para nombrar uno de tantos ejemplos, está el reporte escrito emitido inmediatamente después de la liberación de Auschwitz por cuatro médicos judíos quienes habían practicado su profesión en el hospital del campo, los cuales contienen los nombres de aproximadamente mil pacientes judíos que los alemanes habían dejado ahí antes de evacuar el campo. Entres estos pacientes se encontraban 97 niños y 83 niñas entre uno y quince años, quienes habían sido deportados ahí junto con sus padres con el fin de evitar las separaciones de las familias (3). Si el relato del Holocausto fuese verdad, estos niños habrían sido considerados “consumidores inútiles de comida” y por consiguiente asesinados a su llegada al campo.

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