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Fue sin duda de una gran belleza, pero además una de las mujeres más cultas e interesantes de su época y, sobre todo, una persona que supo librarse de los prejuicios de su rango y de su tiempo. Cuando practicaba la equitaciónb olvidaba su proverbial timidez vienesa. En su progresivo aislamiento y distanciamiento de la realidad se parecíua a su primo Luis II de Baviera